|
El Folklore de un pueblo constituye su extracto cultural más
homogéneo compuesto por todas las actividades frecuentemente
realizadas por sus habitantes a lo largo de la historia, y
que han logrado trascender las fronteras del tiempo para erigirse
como la identidad de una determinada región.
En
breve, podríamos categorizar las actividades que componen
el Folklore en música, bailes y canciones típicas, instrumentos
musicales, comidas, personajes, juegos populares, literatura
tradicional oral, festividades, anécdotas, formas de celebrar
determinadas fiestas universales, costumbres sociales y urbanísticas.
El
estado Táchira ha mantenido ciertas características particulares
de su historia que le permiten conservar su identidad y manifestarla
ante el resto del país y del mundo, como una de las pocas
regiones que se destacan por su singularidad.
Música (bailes, canciones, instrumentos)
Aunque
hoy parezca que la integración cultural - forjada en una extraña
relación amor-odio con nuestros vecinos fronterizos – nos
haya impuesto al "Vallenato" como referencia obligada al hablar
de la identidad musical tachirense, la vena sonora de esta
comunidad andina tiene orígenes muy distintos y una identidad
propia, sin menospreciar por ello los aportes eventuales de
ritmos vecinos.
La
música que compone el repertorio tachirense y constituye su
identidad tiene su origen en la fusión de ritmos provenientes
de las corrientes inmigrantes europeas con los sonidos autóctonos
de las tribus indígenas. Obtuvo muy poca influencia de la
música africana. Se estima que muy pocas tribus negroides
llegaron a esta región.
Aunque
la propia música folklórica no abunde en la actualidad, algunas
piezas han logrado rescatarse del olvido. Entre sus títulos,
variopintos, se encuentran La Perrabaya, El Pato, El Manzanares,
La Pala, La Molinera, La Lumbarda, La Severiana.
Todas
estas piezas y las demás que corresponden al género de música
bailable antigua, pertenecen a la categoría de música venezolana
denominada Golpe, caracterizado por una armonía elemental,
repeticiones e improvisaciones.
Los instrumentos empleados para producir esta música típica
son, entre otros, el bandolín, el tiple, la charrasca y las
maracas. La improvisación es un importante elemento tradicional,
hoy casi perdido por completo. Encontramos, sin embargo, todavía,
buenos ejemplos de "canto acomodao" o "versos acomodaos" que
designan ciertas viejas costumbres campesinas como la de pasarse
las maracas entre sí mientras se canta o cantar "a la cuerda"
o junto a los instrumentos.
Otro
elemento tradicional difícil de rescatar ya, es la costumbre
de cantar las mujeres junto a los hombres. Esto era común
en épocas pasadas y es un detalle muy importante por su rareza.
Las mujeres, salvo en la zona de influencia negra o indígena,
no cantan en nuestro país.
Un aspecto interesante en el proceso de formación y transformación
del repertorio musical tachirense es el del reemplazo de una
música por otra. Las melodías empleadas para festejar los
velorios del niño Dios frente al pesebre, los velorios de
angelito y los velorios de cruz, fueron sustituidas por los
"cantos acomodaos", que reemplazaban las letras por versos
profanos. Fueron muriendo los cantores rezadores en tanto
subsistieron el Pato Bombiao, la Perrabaya, el Galerón, etc.,
y lo que comenzó como un festejo místico acabó en baile y
parranda.
La música bailable también ha sido olvidada, y su reemplazo
se produjo por los modernos valses, bambucos y piezas recientes
como el bolero y la guaracha. Y si no es que algún acontecimiento
inesperado o alguna inesperada influencia intervinieran, el
futuro de la música de estas fiestas parece estar destinado
al vallenato.
Difícil sería a un desconocedor de la dinámica cultural, situado
en nuestra frontera, formarse juicio respecto a sí una música
es venezolana o colombiana. Porque es seguro que los habitantes
de la otra ribera del río Táchira cantan los mismos cantos
que los del lado de acá. Debemos decirlo: a los fines de análisis
y conclusiones científicas no existen límites geopolíticos,
sino zonas culturales. La zona cultural tachirense no termina
en Ureña, San Antonio o Delicias, sino que se prolonga hasta
los campos vecinos que están enfrente y viceversa.
Reportaje:
Ericka Lobo
Fuente: RAMON, Luis F. "El Folklore Tachirense"
|